Luego de habernos dejado en un suspenso total con el final del segundo
libro, Holt retoma el ritmo frenético de pesadillas. La habilidad de
Reggie, atravesar a los Fearscape de los demás para traerlos de
regreso, tiene su mayor uso en este último libro. No hay descanso
para Reggie ni hay descanso para nosotros, Holt nos hace imaginar pesadilla
tras pesadilla.
Ahora Reggie se da cuenta que tiene que haber una forma más eficiente de
terminar con los Voradores y no el método que, poco a poco, parece estar
acabando con su sanidad mental. Nuestra protagonista atraviesa por muchas
cosas y no ha permanecido imperturbable, ha madurado y, ha encontrada valentía
en la desesperación. Gracias a esto se desarrolla un poco más la trama.
Por otra parte, poder construir mundos de pesadillas tan vívidos y tener
la habilidad de transmitir el terror y la desesperanza de la manera en que lo
hace Holt tiene un precio. En este libro, después de haberlo hecho
decentemente en los anteriores, el autor ha dejado de lado los lazos
emocionales (no románticos) de los personajes. Me sentí un poco
desconectada pero…Oh, el horror! Genial!
En esta última entrega se profundiza más en el mundo de los Voradores,
de manera paranormal y científica, lo que fue una buena combinación. No
sólo Reggie y Aaron están involucrados, los Voradores han afectado a muchos
otros, incluso de manera indirecta se han involucrado en la vida de Reggie sin
que ella lo supiera.


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